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Despertar del Dragon

Barcelona - Andorra - Pirineos - Toulouse

de Montserrat a los Pirineos

Un dragón es una fuerza antigua, que respira junto con la propia Tierra.

No es solo una criatura mítica, sino un símbolo de poder primordial, de la sabiduría que existe antes de las palabras.
 

Lleva en sí la memoria de los elementos: el fuego que transforma, el agua que nutre, el aire que fluye y la tierra que sostiene. Su danza es un recordatorio de que todo está en constante movimiento.
 

Simbólicamente, el dragón representa la alquimia interna: la capacidad de atravesar sombras, acceder a un coraje profundo y despertar el propósito que duerme en el cuerpo y el alma. Surge tanto como maestro como espejo, revelando aquello que necesitamos integrar para regresar a la totalidad de nuestro SER.
 

Como guardián, el dragón no utiliza su fuerza bruta, sino su presencia. Por eso es guardián de portales de conocimiento, de caminos sutiles entre mundos, de memorias antiguas que solo se abren cuando el corazón está preparado. Mantiene vivo el equilibrio entre lo visible y lo invisible, entre lo humano y lo elemental. Nos acerca al misterio y, al mismo tiempo, nos invita a reconocer esa fuerza dracónica que habita dentro de nosotros, como una conciencia despierta, amplia, indomable.
 

Conectar con un dragón es recordar que somos herederos de esa misma fuerza sabia y ancestral, y que cada paso en el camino es también un paso hacia el despertar del Guardián interior.
 

Desde ese lugar, nueve personas de diferentes nacionalidades se habían citado en Barcelona para iniciar un viaje interior vinculado al Despertar del Dragón.
 

El propósito era recorrer la energía desde Barcelona hasta Andorra, para que, en el cruce de los Pirineos, pudiéramos encontrar al dragón de dos cabezas dormido en esa zona. ¿Y por qué?
 

La cordillera de los Pirineos corresponde al chakra de la garganta de Europa. Todo el trabajo que hemos realizado con el Despertar de los Guardianes en Portugal nos ha llevado a viajar por diversas partes del mundo, para que la información pueda fluir y conectarse a través de historias, cruces de culturas y mucho más.
 

Fue precisamente mientras facilitaba un retiro en Aosta cuando surgió la visión de un mapa, mostrando esta zona montañosa asfixiada, como si la información tuviera dificultad para pasar de un lado al otro. Más tarde, apareció también la visión de un dragón de dos cabezas, dormido en la región de Andorra. Ese letargo formaba parte de un ciclo en el que los conflictos humanos llevaron a la naturaleza a convertirse en guardiana de muchos misterios. Algunos guardianes se transformaron en piedra. Algunos elementales dieron su vida para preservar esa información en cristales, árboles y lagos.
 

Así, nuestra intención —más que “despertar” algo concreto— era poder conectar y sentir a estos guardianes dormidos. Reconocer su presencia, escuchar sus historias, permitir que las emociones nos recordaran aspectos de resonancia y, de ese modo, clarificar nuestro propio camino.

En este camino tan personal, cada integrante del grupo tuvo la oportunidad de compartir su magia. Cada uno fue invitado a ocupar su lugar y brillar dentro de su área y linaje de sabiduría.
 

Siento que todo ello condujo al punto culminante de una activación muy especial. En círculo, en un mirador elevado en plena montaña, abrimos juntos un vórtice de energía. Cada persona fue llamada a representar un aspecto: anclar, elevar, ordenar, abrir, mover, sostener, neutralizar, limpiar y armonizar. Al final, entre varias visiones, surgió la imagen de múltiples canales energéticos que partían de esta zona hacia Turquía —y de Turquía hasta la costa atlántica de la Península Ibérica. Para mí, ese fue el gran cierre del viaje.
 

Podría compartir muchos otros momentos vividos como grupo: la conexión en Montserrat, las coincidencias en Andorra, el reconocimiento de los Cátaros, las aventuras en cuevas… pero todo ello cobró verdadero sentido al vivirlo juntos. Porque es esa compartición, esa vivencia práctica de la espiritualidad, lo que hace que la experiencia sea real.
 

Que vengan más Despertares… Porque (no sé si nos tocará a nosotros), pero aún queda por recorrer la otra mitad del dragón.

GS

“The Awakening of the Dragon” was a deep and mystical journey, where spirituality, nature and symbolism came together. Starting in Barcelona and travelling through the Pyrenees to Toulouse, the group experienced an ancestral reconnection with the Earth, opening energetic portals and awakening ancient guardian forces. It was an inner and transformative adventure, beautifully guided by Ana, who leads with loving presence and clear intuition. This journey was more than a physical pilgrimage — it was a symbolic and energetic awakening, where each participant had the opportunity to reconnect with their own essence as a guardian.
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